La gente se agolpaba alrededor del ciclista caído, el chico se levantó raudo diciendo a todo el mundo que se encontraba bien. La mujer causante del atropello, a pesar de no haber sido culpable, volvía una y otra vez a decirle que le acompañaba al hospital. Se sentía coaccionado con tanta gente diciéndole lo que tenía que hacer, se puso en pie y sintió mareos, por lo que se sentó un rato en la acera, mientras esperaba a que se le pasara. Al rato, el tumulto empezó a desaparecer y él se sintió mas aliviado, estaba intentando montar en la bici de nuevo, cuando la chica del coche que lo atropelló, le entregó un papel, aquí tienes mi nombre y dirección, le dijo, si necesitas algo me llamas, soy médico, no lo olvides. Le dio las gracias y marchó con rapidez, deseando dejar atrás toda aquella marabunta. Llendo hacia su casa, sintió mareos de nuevo, se bajó de la bicicleta y fue en ese momento cuando cayó al suelo, desmayado. Al recobrar el conocimiento, varias horas mas tarde, la vio a ella a su lado, la señora del atropello, la llamaron porque encontraron el papel en su bolsillo y pensaron que era un familiar. No le pudo dar la dirección de su familia, porque no la tenía, vivía en una pensión hacía varios meses, desde que estaba en la ciudad, a la que había llegado buscando un tío que nunca encontró.
No tenía una vida divertida ni fácil, desde que nació todo habían sido impedimentos, de tal forma se había acostumbrado a ellos, que cuando las cosas le salían demasiado fáciles le surgía la preocupación. Le contó parte de su historia a Francisca, ella le escuchó con toda atención y entendió perfectamente lo que le explicaba.
No estaba acostumbrado a que nadie le dedicara tanto rato y con tanta calidad a la escucha de sus cuitas, se sintió comprendido como pocas personas lo han estado nunca, ella ni siquiera habló, solo con la simple escucha fue mas que suficiente para que el chico, al salir del hospital, después de varios días, supiera que no estaba tan sólo en el mundo, que había personas que se interesaban por sus problemas, que harían algo por ayudarlo. Después de varias semanas, quedaron en verse, pues la señora que le dio el golpe con el coche, quería solucionarle algo relativo a un trabajo.
No tenía una vida divertida ni fácil, desde que nació todo habían sido impedimentos, de tal forma se había acostumbrado a ellos, que cuando las cosas le salían demasiado fáciles le surgía la preocupación. Le contó parte de su historia a Francisca, ella le escuchó con toda atención y entendió perfectamente lo que le explicaba.
No estaba acostumbrado a que nadie le dedicara tanto rato y con tanta calidad a la escucha de sus cuitas, se sintió comprendido como pocas personas lo han estado nunca, ella ni siquiera habló, solo con la simple escucha fue mas que suficiente para que el chico, al salir del hospital, después de varios días, supiera que no estaba tan sólo en el mundo, que había personas que se interesaban por sus problemas, que harían algo por ayudarlo. Después de varias semanas, quedaron en verse, pues la señora que le dio el golpe con el coche, quería solucionarle algo relativo a un trabajo.
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