Uno de ellos era Víctor, un joven al que siempre, cualquiera que fuera la hora que viajara, estaba allí. Entablé conversación varias veces, me pareció una persona estable y digna. Unos ocho meses después de repetidas veces de hablar con él, decidí ofrecerle mi ayuda. Víctor tendría unos treintaycincoaños, era de nacionalidad peruana y la vida le había llevado a terminar de esa forma, que no era de su agrado, pues había estudiado bellas artes, era una persona preparada para desempeñar un trabajo en el mundo laboral. Lo ayudé en todo lo que pude, mantuvimos una amistad durante tiempo, Víctor era tierno, cariñoso y sensible, tenía un corazón de oro y disfrutaba con todo. Aquella amistad, con el tiempo, se convirtió en algo mas, el hacernos amantes fue algo natural, yo no quería relaciones serias, para mí, eso era mas que suficiente.
Y,ahí, empezaron los problemas, porque fue muy duro conocer al verdadero Víctor. Aquella sensibilidad del principio, se convirtió en sensiblería y todo lo cariñoso que me pareció antes, ahora era como de risa, cualquier muestra de afecto, era para él como una salida de tono. No se parecía al Víctor que yo conocí, por supuesto que no, los meses que tardé en darme cuenta, fueron los que tardé en hablarle, esta relación no era la esperada por mí, mejor cada uno por su lado.
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