
Fue un momento intenso y crucial en nuestras vidas, pudimos sentir los susurros del destino a nuestro alrededor, aun así, durante un tiempo que nos pareció eterno, seguimos el camino juntos y un día cualquiera, desunimos nuestras manos y sin más explicaciones, tomamos cada uno rumbo a lo que la vida nos deparaba. Pensé que no nos volveríamos a ver jamás, pero me equivoqué, por aras del destino, años después, muchos años después, nuestros caminos coincidieron de nuevo, la primera sorprendida fui yo, nunca imaginé volver a coincidir de nuevo, pero el hecho de poder intentar que nuestra relación ya acabada comenzara de alguna manera a empezar, me hizo sentir un entusiasmo tan vital, que me transportó a lugares insospechados. Y de alguna forma, empecé a retomar cosas olvidadas, cuestiones tan banales como comprar ropa o ponerme a dieta, volvieron de nuevo, intentos quizá de recuperar un juventud perdida, de momentos que no volvería jamás a vivir y que con motivos absurdos como ir a la peluquería o al gimnasio, creía que recuperaría otra vez.
Pero de alguna manera me cerré en banda y no quise pensar mucho más allá, sólo vivir el presente que por instantes se me antojaba de lo más sorprendente. Porque había estado tanto tiempo reducida y casi hecha un guiñapo, que el verme ahora de esta forma tan enérgica y vital, realmente me tenía sobrecogida.
Así, que seguí viviendo mi película, sin preguntarle a nadie ni siquiera a mi misma. Y pasó el tiempo, seguimos comunicándonos, nos hablábamos por teléfono con frecuencia y a menudo nos enviábamos mail que eran correspondidos de inmediato.
Él me aseguró que su vuelta era cercana, pero pasaban los meses y no notaba que se le apeteciera mucho contactar personalmente, llegó un momento en que casi ni me importó, porque mi auténtico yo, había resurgido de nuevo, dejé que pasaran los días y fluyeran los acontecimientos, la recuperación de mi antigua personalidad había sido para mí tan importante... que le estaba absolutamente agradecida.
Pero de alguna manera me cerré en banda y no quise pensar mucho más allá, sólo vivir el presente que por instantes se me antojaba de lo más sorprendente. Porque había estado tanto tiempo reducida y casi hecha un guiñapo, que el verme ahora de esta forma tan enérgica y vital, realmente me tenía sobrecogida.
Así, que seguí viviendo mi película, sin preguntarle a nadie ni siquiera a mi misma. Y pasó el tiempo, seguimos comunicándonos, nos hablábamos por teléfono con frecuencia y a menudo nos enviábamos mail que eran correspondidos de inmediato.
Él me aseguró que su vuelta era cercana, pero pasaban los meses y no notaba que se le apeteciera mucho contactar personalmente, llegó un momento en que casi ni me importó, porque mi auténtico yo, había resurgido de nuevo, dejé que pasaran los días y fluyeran los acontecimientos, la recuperación de mi antigua personalidad había sido para mí tan importante... que le estaba absolutamente agradecida.
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