Me sentía tan absurda y decaída, tan triste y tan absolutamente sola, que realmente no sabía en aquel momento que hacer con mi vida. Mis amigas se habían casado o tenían sus parejas, otras estaban con sus novios, pero daba igual, porque lo cierto era que no tenía a quien volverme. Había llegado a un punto de mi vida, en que no sabía que hacer con esta. Y mira que era triste y oscura la situación, no lo imaginé jamás, yo, que siempre me jacté de tener el mundo en mis manos, de ser la mas espabilada para todo lo que fuera comenzar ideas nuevas, ahora, me veía allí, hundida en la miseria.
Así que como solución a mi angustia, decidí, pues eso, apuntarme en un gimnasio, que si, que ya se que no era la mejor de las ideas, pero para salir del paso, fue lo único que se me ocurrió.
Empecé una mañana, me dio clase un monitor de esos cachas, me hizo hacer lo que pude y lo que no y estuve tres días sin volver, las agujetas eran tan intensas, que por mucha aspirina que me tomé, el alivio fue mínimo. Lo intenté de nuevo con más cuidado, esta vez lo llevé mejor y acudí toda la semana, al quinto día, según salía, tropecé con un conocido que entraba, nos saludamos y recordamos de que nos conocíamos. De pequeños, vivíamos en el mismos barrio, ahora, casualmente, también estábamos en la misma zona.
Después de varios día de contactar y establecer conversación, resultó, que él, se encontraba en circunstancias parecidas a las mías. Se sentía absurdo y decaído, triste y absolutamente sólo. No hizo falta mucho más, siempre dije, que la soledad compartida, ya no lo es tanto, terminamos compartiendo tantas cosas, que cuando la alegría y la risa se convirtió en una de las principales, pensé que encontré...la persona adecuada.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Hola, gracias por dejar sus comentarios, prometo contestar a todos. Besos, Maca.